Tu nombre. (Poesía)

Cada esquina en esta ciudad tiene tu nombre.
No es el simple hecho de recorrerla y verme sujetada a tu brazo.

Es todo aquello que intento olvidar y se aferra a cada bloque y trozo gris de cemento.
Una ciudad carcomida por la escoria y la tristeza, pigmentada con recuerdos inacabables

-que construyo y destruyo-

Donde nuestras caras sonrientes se desdibujan en el paso peatonal.


No es la rutina de frecuentar los lugares donde existíamos, donde cada pisada se reconoce con las mismas calles, los mismos caminos laberinticos sin final preciso.

Es indagar en todos los techos de tantos edificios que inundan este hueco urbano donde nos descubrimos los verdaderos rostros

–donde nos palpamos la verdadera piel, esa que coexiste debajo de este disfraz blando y frágil de epidermis–

No es la depravada costumbre de caminar viendo el cielo, adivinando los pasos ciegos del trayecto.

Es abrir la boca y dejar salir un suspiro por todas las horas que huían de nosotros, acostados (desnudos) uno junto al otro, sobre aquel pedazo de cemento que algunos subestiman como techo.

Y como testigos únicos presenciales, la inmensidad del cielo y las miradas absortas de los peatones, que no comprendían (¿cómo iban a hacerlo?) la pulcra melodía que entonaban nuestros cuerpos.

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